El Carnaval no se puede convertir en una mercancía, pese a las obras susceptibles de protección: Marco Alemán

La propiedad intelectual fue el gran eje temático de la segunda jornada del II Encuentro de Carnavales del Caribe, que comenzó a ser dilucidado y analizado por el director de patentes de la Organización Mundial para la Propiedad Intelectual, Marco Alemán, en su conferencia “Creatividad e Innovación como elementos de políticas culturales e industriales.

El representante de la OMPI explicó que en materia de propiedad intelectual hay dos grandes grupos: el derecho de autor y la propiedad industrial. El primero tiene un componente eminentemente cultural y es el que más cercanía tiene con el tema del carnaval.

Para orientar su reflexión en torno a los elementos culturales susceptibles de protección, Alemán explicó que en derecho de autor lo que se protege no es la idea sino la forma cómo la idea se expresa, lo que hace ilimitado el campo de la creación. El derecho de autor permite al autor que se respeten ciertos intereses sobre su obra, y el beneficio económico por un tiempo determinado.

Ya hablando de propiedad industrial, hay dos grandes disciplinas: primero aquella donde se innova, se inventa y crea soluciones, y la segunda son los signos que identifican los productos y la forma cómo se comunican con el consumidor, es decir las marcas.

En ese sentido, el conferencista advirtió que muchos de los bienes del Carnaval que se traducen en productos que se consumen, pudieran convertirse en marcas, sin embargo en el régimen andino, la marca solo existe jurídicamente desde que está registrada. “En este sentido creo que en ese inventario que se están planteando con algunos actores del carnaval hay que revisar el argumento de que siempre lo hemos hecho y somos los únicos que hemos elaborado determinados vestuarios, porque no son argumentos jurídicamente viables”.

Agregó que en el caso de los hacedores y del mismo Carnaval se puede compartir, se puede dar, pero no renunciar a tener la protección en casos específicos. Indicó que en el caso del Carnaval de Barranquilla, es necesario hacer un análisis individual y uno en conjunto para poder identificar el papel de la propiedad intelectual y ver cuándo sí o cuándo no da respuestas.

Al hacer el análisis en detalle de orquestas, diseños, danzas, comparsas, artesanías, disfraces, letanías y carrozas va encontrando elementos susceptibles de protección, pero desde el punto de vista individual, según esbozó Marco Alemán, quien agregó que cuando la fiesta se ve desde arriba como aquel donde distintas expresiones afloran, es difícil que se pretenda limitar el tema de la apropiación de obras por la vía de la propiedad intelectual.

“El Carnaval es mucho que más la individualidad, y aplicar la propiedad intelectual podría estar robando la posibilidad de algo que es de todos. La pregunta es hasta dónde es posible controlar las explotaciones de obras y la respuesta puede ser, si la quiero apropiar es porque la quiero controlar[…] De las manifestaciones del carnaval seguramente habrá muchas protegibles, pero no apropiables”, concluyó el director de patentes de la OMPI.

Detalló que la recomendación conjunta de la Unesco y la OMPI desde 1982 es que se protegerán las expresiones y las producciones del folclor y no habla de obras, así mismo se protegerá el patrimonio artístico y deja por fuera lo técnico. En ese documento se identifican cuatro grupos para protección. Las expresiones verbales, las musicales, las artísticas, y las tangibles como las artesanías.

Finalizó llamando la atención en el sentido de que el Carnaval no puede convertirse en una mercancía, porque sí se vuelve rígido pierde su encanto y corre el riesgo de desaparecer y destacando el mérito de la organización del Carnaval de Barranquilla por haber incluido una reflexión sobre la propiedad intelectual y ver cuál es el rol dentro de las industrias creativas de la fiesta.

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